Peugeot 404

En algún lugar mas allá de nuestro entendimiento y de los tiempos verbales
Hay algo así como un reloj de arena.
Por su centro cae un hilo de tiempo
Y subiendo eternamente esa música delgada pero inevitable
Pasando cambios, frenando, acelerando, maniobrando,
El auto de los abuelos repetía (o no) una y otra vez, el mismo viaje
a través de esa arena
que es delgada, que es sinuosa y que es recta a la vez.
La ruta del pasado al futuro, del ayer al hoy, en fin.

En el asiento trasero del auto,
El niño miraba a través de un agujero en el piso del coche, la historia de las cosas.
Ante sus ojos infantiles
Todo iba pasando
Como destellos
Todo iba pasando.
Tan rápido
que apenas alcanzaba a ver el color de las flores antes de que se marchitaran,
un parpadeo, un momento carmesí a orillas del mar
Las cosechas ante su mirada
se deshojaban y se volvían semillas llevadas por el viento.
Suspendido en la eternidad,
El nieto, a veces, sospechaba de su cara
Se preguntaba, mirando hacia el asiento delantero
si quizás el suyo propio
no era también el mismo rostro de sus abuelos,
que mirando hacia adelante y hablando de recuerdos,
disfrutaban del paisaje.

1 comentarios:

Satam Atta dijo...

Me hizo acordar de cuando miraba de chico por los oyos del piso de la micro hacia el suelo :)