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Gracias a todos por haber leído (o esta es la última entrada y también una reivindicación manifiesta)

Cuando me vine para acá dije que iba a cerrar el blog pero no lo hice, eso porque me seguía siendo útil de alguna extraña forma... Pero por poco y esta noche lo borro todo.

Desde septiembre que había escrito mucho sobre la nostalgia, sobre eso del "saudade de estar lejos", tenía toda una poética en su momento, supongo... Muy ligada a lo nuevo, a expresar la novedad, muy subyugada a la estilística, a mostrar mi poesía como si subir a un website lo que te sale de la garganta fuera algo de artistoideadas, artefinuras, que se yo que cosas que realmente no me parecen...

Esta es la última entrada que va a tener este blog, lo que no significa el final de mis escritos online ni nada... Significa que no público mas acá, porque no es lo mismo,

Es solo que, muy personalmente pienso que la poética personal de un hombre debe ser un espacio de reflexión sincera sobre si mismo, no un portafolio online ni un acto de difusión literaria... Un blog puede ser eso, pero este nunca lo ha sido.

Yo, a pesar de detestar las instituciones y las estructuras de poder verticales, amo mucho a mi tierra y mis raíces, ambas cosas que a mi modo de ver son el espacio que llenan tus seres queridos y el espacio cultural engarzado a tu alma puesto que en el naciste, creciste y aprendiste a sentir.

De eso no puedo escaparme y no puedo renegar, y tampoco quiero hacerlo. Por mucho que me piquen las manos aun acá de ir a protestas y hacer todo lo posible por la desvalidación de ese sistema impune y homicida que sigue funcionando en las mentes de los malditos gobernantes y sus lacayos de toda época.

Pero (y volviendo al principio):

Ocurre que ya no me parece seguir subiendo poemitas improvisados sobre la distancia, porque con el tiempo he empezado a darme cuenta lo ingenuo que es eso... Asumirla es un proceso lento, que pasa por mas cosas que si hace falta la marraqueta con palta o no, que son solo síntomas de un sentimiento mucho mas profundo y hondo... La profundidad y hondura de estos sentimientos me hacen sentir que esta instancia y su linea de posts no se condicen con lo que estoy sintiendo, por lo mismo no tiene sentido seguir subiendo mis escritos acá.

En su momento este blog fue un espacio de resistencia, el lugar donde subía lo que escribía cada vez que en el pasado el mundo civilizado y maduro quería decirme que esto de escribir era una perdida de tiempo, que tirara la toalla y que no tenia nada nuevo que decir... Cuando eso pasaba yo abría el blogger, escribía algo sobre la misma y decía: Estoy vivo.

Ahora vivo acá muy lejos de aquél San Fernando tan rústico y sincero que me hacía escribir como por instinto, de ese Santiago tan dolorosamente bello que me hacía escribir como caballo desbocado... Escribo todo el día aunque, claro, estudio para hacer guiones, lo que también me hace escribir... Escribo cosas distintas.

Escribo y leo y veo cine... Cuando no estoy en eso estoy escuchando música, hacer el contrapunto de esto comparado con el Ansia Santiaguina en que todo instante tenia que estarme dando animo en la tiniebla no deja de parecerme una suma positiva, pero eso no quita el sentimiento de honda nostalgia que me da recordar el cielo nocturno y el sonido del océano pacífico, el color de la cordillera y ese otro aire.

Estoy lejos de mi gente y de mis raíces culturales... Estoy escribiendo todo el día porque quiero hacerlo profesionalmente, pero también pasa que no me olvido que si escribo es porque espero tener algo valioso que decir, sea en un guión, en un ensayo, en un cuento, una novela o simplemente un par de lineas al aire.

No voy a dejar de escribir nunca, y en esta circunstancia creo que es bueno darle un final a este blog... Esto porque este espacio es un cúmulo de otro tipo de experiencias, distintas en su momento a lo que vivo ahora, detenerlo hoy es respetarlo, en pos de una coherencia y respeto para con mi memoria.

Mi próximo espacio espero hacerlo aún mas íntimo y que lo que esté escrito ahí sea, simplemente, sincero y de adentro... Si realmente hubo alguien que leyera este Blog, le estoy permanentemente agradecido por la paciencia, gracias a mis amigos que durante todo este tiempo me leyeron y me dieron ánimo, lo que en su momento fue bencina hoy lo es más que nunca, les prometo arreglar mi problema con los acentos, algún día.

Y, cuando son las cuatro y veintidós del cuatro de febrero en Cuba, le doy click, pongo un último video de youtube (aunque acá apenitas carga) y... nos fuimos.



Gracias por leer.

Festival de Viento

Alrededor de mi ventana
Los arboles se mecen y aúllan letanías heladas
"Diciembre y Ocaso" "Noche Negra Buitre" "Cae el telón"
El invierno viene cargado de palabras oscuras...
El viento está impregnado de un dejo de tabaco
a todos estos santos que desconozco.
Miro fotografias
hasta que ya pasa el desfile, la cuaresma silente.

Silencio, brisa...

y es entonces cuando creo escuchar el crujido del mundo:
un "clack clack clack" que retumba en las raíces,
de las raíces,
de las raíces.

El crujido del mundo marca el ritmo a otra canción
que silba cruzando los troncos
una gran orquesta trayéndome boleros, fotografías,
desde mas allá del mar

Abro y cierro por un instante en que el viento llena toda la casa

Un parpadeo

Y mi habitación se llena de palabras...

Peugeot 404

En algún lugar mas allá de nuestro entendimiento y de los tiempos verbales
Hay algo así como un reloj de arena.
Por su centro cae un hilo de tiempo
Y subiendo eternamente esa música delgada pero inevitable
Pasando cambios, frenando, acelerando, maniobrando,
El auto de los abuelos repetía (o no) una y otra vez, el mismo viaje
a través de esa arena
que es delgada, que es sinuosa y que es recta a la vez.
La ruta del pasado al futuro, del ayer al hoy, en fin.

En el asiento trasero del auto,
El niño miraba a través de un agujero en el piso del coche, la historia de las cosas.
Ante sus ojos infantiles
Todo iba pasando
Como destellos
Todo iba pasando.
Tan rápido
que apenas alcanzaba a ver el color de las flores antes de que se marchitaran,
un parpadeo, un momento carmesí a orillas del mar
Las cosechas ante su mirada
se deshojaban y se volvían semillas llevadas por el viento.
Suspendido en la eternidad,
El nieto, a veces, sospechaba de su cara
Se preguntaba, mirando hacia el asiento delantero
si quizás el suyo propio
no era también el mismo rostro de sus abuelos,
que mirando hacia adelante y hablando de recuerdos,
disfrutaban del paisaje.

Valsecito a ritmo de clave

Escupo tinta sobre estas hojas,
entre cafés y tabacos trémulos que anuncian el atardecer mojado del caribe.
Sobre este mismo ocaso, en alguna otra orilla, los estertores de Bolívar,
La nostalgia de la soldadesca, el barco petrolero que vi zarpar a mediodía,
El ritmo nocturno de los santeros, las manos en los bolsillos vacíos
de algún otro paria deslavado que, como yo, contempla sus recuerdos en los brillos de la arena...
El sol sale desde el mar
El sol se pone sobre el mar.
La tierra esta húmeda de lluvia tibia
y los destellos del cielo nocturno son la obertura de la luna menguante.
Muy lejos
en el valle que se esconde entre las dos cordilleras,
la luz de todos los soles aún baña tu silueta delicada
Ayer, hoy, eternamente…

Cable Submarino

A veces me sueño despierto

que voy tendiendo un cable enorme
que va cruzando este océano de distancias y tormentas anónimas.

Apunto bien recto por la geometría de lo invisible
y así lo voy tirando montado en mi bote pesquero
de la silueta de tu sombra y de tus destiempos.

Entonces lo dejo suspendido
en el aire
a la altura de tu boca,
por una brizna
de segundo
en donde creo mirarte.

Meneo la cabeza, no vaya a ser que me acuerde tanto.
Entonces me devuelvo pero sin dejar de creer que me miras.
y tomo en mis manos el cable y espero
que no se me caiga a la espuma de las olas
que no nos perdamos nunca de vista.

Así se me van pasando los días, las esquinas,
buscando en esos recuerdos de Haiku los momentos mas apropiados
para decir en un relámpago

Miro a salvo
del olvido, la lluvia
así recuerdo.


Así como que voy caminando, así como creando
un collage de recortes invisibles
por sobre la espuma de las olas,
mas abajo de las nubes
que flotando como ganchos luminosos
viajan a medio camino del sol de media tarde
para no perder nunca,
con este cable telegráfico de la memoria,
tu risa color de guinda
tu cintura de tango
tu alma de primavera.

Porque olvidar es como morir con cuentagotas

Porque
Estas líneas las construyo
Para no perder
nunca
el rastro de tu sombra

De eso se tratan estas líneas.

Porque si no,
Como voy a encontrarte cuando escampe la tormenta
Y vea este mar tan celeste aún
Y esta tierra tan redonda
Y estos días tan largos y tan cortos
Y tú aún me hagas falta, tanta falta aún

Porque si no,
Para qué.

Verbo no Sustantivo II

II

De: Predicado
Para: Sujeto
Asunto: ¿Cómo va todo?

Hermano.

¿Cómo va todo por allá? Estuve viendo las fotografías que me enviaste, son bonitos los paisajes en el mundo de las ideas, espero que todo vaya bien en tu luna de miel con metáfora, avísame si hay alguna posibilidad de enviarte una postal, se que allá no tienen direcciones exactas pero estaría bien si me dieras algún tópico para escribirle al sobre, quizás y llega.

Bueno, lo que es yo por acá la verdad es que no ha ocurrido mucho, Verbo me invitó a su casa a jugar con el nuevo televisor que consiguió, tú sabes que verbo siempre se emociona cuando tiene algo nuevo, así que últimamente lo único que hemos hecho es pasarnos la eternidad sentados jugando.

El pasatiempo es muy intenso la verdad, he visto a insectos de seis ojos construir los imperios más hermosos solo para hundirse sobre su propio peso un parpadeo mas tarde, el ultimo Eón unos peces construían naves hechas de luz, recorrían así las estrellas buscando planetas y nuevos mares, desaparecieron tan rápido que no podría decir que fue lo que los hizo irse… A veces me cuestiono si es un juego o algo más.

Vino adjetivo el otro día, ya sabes que adjetivo siempre anda juzgando las cosas y eso no me gusta tanto, pero le dijo algo a Verbo que no ha abandonado mis pensamientos desde entonces:
Estábamos viendo como una civilización de aves recorrían su universo en busca de su creador hasta que al fin dejaron de buscar y se apagaron en silencio. Verbo abrió una cerveza y dijo que estuvo buena, fue entonces cuando Adjetivo muy serio le dijo que era un oligofrénico que se empeñaba en construir vida que trate de trascender al tiempo una y otra vez, naciendo y creciendo solo para decaer más tarde y desaparecer inevitablemente.
Verbo no dijo nada, simplemente lo miró y se rió.

Mientras te escribo Verbo está pensando en la próxima partida, yo me cuestiono si el juego tiene algún sentido que desconozco, que adjetivo desconoce, que quizás incluso Verbo desconoce pero no puede evitar seguir jugándolo.

Antes de irse ese día, Adjetivo me preguntó si estaba seguro de si lo que pasaba por la pantalla no era real... No supe que decirle.

Adjetivo no ha vuelto a venir.

Un abrazo.
Tu hermano que te quiere.

Verbo no Sustantivo

Este cuento lo escribí para un trabajo acá en la EICTV, viene recién salido del horno, y esta es la entrada nro 100 de este blog bajo perfil. Saludos amigos.

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Verbo, no Sustantivo.
Por Felipe Rodríguez Martínez.


Los dinosaurios eran demasiado grandes, se les acababa la comida muy rápido, se habían vuelto caníbales, horadaban el suelo en busca de comida, se extinguían lentamente.

Verbo y Predicado observaban la pantalla. Verbo se rascaba la cara mientras que Predicado comía rositas de maíz y exclamaba:

-¡Ay Verbo, así no se puede! Esas lagartijas tuyas eran muy grandes y el cerebro lo tenían muy pequeño… era natural que pasara esto, no te aflijas.
-Predicado, predicado, ya sabes tu que al principio solo era el verbo (es decir yo) y desde la soledad del sofá se me ocurrió que era mejor si tenían poco seso y harto cuerpo, ¡que iba a saber yo que no sabrían racionar la comida durante el invierno nuclear!
-Lo sé Verbo, lo sé…
-Pero mira, ahora que estás tu vamos a ver como resulta lo que he pensado.

Pasaron algunos millones de años.

Un montón de chimpancés lampiños se peleaban con huesos, construían chozas, escapaban de unos tigres colmillos de sable, en fin.

-¡Ay Verbo así no sé! No tienen la misma gracia que los estegosaurios, pero no se puede negar que la música de fondo es mas interesante, no lo se, no lo se.. ¿qué estarán dando en planeta Marte?
-No Predicado, no cambies de canal, quizás mejora. Además, no ando de ánimo para ver esos programas de materialismo dialéctico marcianista, me ponen intranquilo en mi eternidad…

Miles de años.

Una facción de chimpancés lampiños se vestían con latas, recorrían los mares encima de troncos, quemaban a otros chimpancés, acumulaban mucho oro, rezaban a un instrumento de tortura en desuso.

-¡Ay verbo, así no! Está demasiado gore, ni los tiranosaurios eran tan retorcidos… ¡haz algo!, ¡haz algo!.
-Si Predicado, espera, déjame cambiar de escolástica a cartesiano con el control remoto, eso, ahí está.
-¡Ay Verbo pero no pasa nada!
-Tranquilo, es que se demora como uno o dos siglos… Listo, ahí está, ojala mejore ahora.

Grandes ciudades, los chimpancés afeitados proclaman grandes ideas, revoluciones de emancipación, ferrocarriles a lo largo del planeta, jazz e impresionismo.

-¡Ay verbo! ¡así, así ,así!
Predicado aplaudía con sus manos adverbias y encendía ansioso un cigarro sustantivo mientras pasaban las décadas.

Un montón de plomo volando por el aire, explosiones, un par de bombas atómicas, por todo el mundo los chimpancés lampiños se tiran a matar. Como nunca, las razones les sobran.

-Ay Verbo…
-Ay Predicado…

Una cantidad indefinida de tiempo, los chimpancés eran demasiado gordos, se les acababa la comida muy rápido, se habían vuelto caníbales, horadaban el suelo en busca de combustible, se extinguían rápidamente.

-Ay…
Susurró Predicado.
-Uhm…
Masculló Verbo.
-En algunas cosas, eran mas entrañables que los dinosaurios.
-Si, mas creo que para la próxima hay que leer el manual antes de conectarlo a la televisión.
-Qué hacemos ahora Verbo?
-Voy a la esquina a comprar unas cervezas, mientras tanto anda a la cocina y prepara algunos bocaditos. Vamos con otra mas tarde, quizás con insectos… hay que llamar a Adjetivo eso sí, creo que recién nos hizo falta.

Caminito al manifiesto

Porque no siente las letras como sangre
como vida, como rumor de agua,
como color de rabia, color de ternura
como fuego, a fuego
como arma de tiempo
como válvula y redención
como acto de amor
como acto de rebeldia
como el firmamento completo colándose por tu ventana hasta un papel manchado de tinta y silencio

Por todo eso, y por todo lo que falta:

Su desolación

De hambrunas insaciables, entropías polifónicas, apocalípsis posmodernos y miseria diversa pero horizontal.

Porque no hay alquimia sin flores y no hay primavera sin invierno

Y los árboles… no se riegan con Coca Cola.

Entreciclones

Las lluvias en Cuba no tienen frio
tampoco tienen sopaipillas
ni eso de fumarse un cigarro debajo de un paraguas

Las lluvias en Cuba duran un par de horas, las mas largas
el cielo entero se derrite a chuzos
la lluvia en Cuba no es como la del fin del mundo

le falta ese frio, ese sentimiento mullido
es agua que cae del cielo
las lágrimas son independientes
de las condiciones climáticas

Cuando es invierno en Santiago
aun invierno de los taxistas
y en los campos cubanos aun es Verano
Aun asoleado pa los guajiros

Las dos lluvias, la joven y la vieja
la triste y la absorta, me van empapando de vez en vez,
de dos formas distintas que se dan la mano y se van conociendo
cuando me mojan y me arrebalsan la cara, cada vez.

murmuro versos en silencio
cafe largo, bien largo
cigarros negros tan negros
los rios de fango
la mirada lejana
Hello, Bon Jour, Ile Bwino, Que pasa chileno ¿ya resolvio lo del enchufe?

Encima de mi cabeza pasan volando los aviones comerciales
vivo bajo un corredor aereo

a veces levanto la vista
les mando encargos
miradas largas encima de la cordillera
palabras que se bajen en pudahuel y tomen un turbus
se bajen en san martin con moneda, caminen un par de cuadras hasta el metro
de ahi hasta san antonio, una micro
y de ahi en directo hasta tu oido

Cruzando las avenidas llenas de conductores suicidas en autos que no tienen como pagar
El aroma de los pollos asados, los gatitos desteñidos de la comida china
La voz familiar del noticiario y sus mentiras pudriendo las mentes viejas en cada casa que rebosa de otras maravillas mucho mas discretas
como el aroma a pan tostado
o las cartas perfumadas de los quince años

En Cuba la lluvia da paso a una humedad de sauna
"coño, no es facil"
Pero yo que se
si yo llevo mi propia lluvia en la trastienda de mi mirada
para teñir de azul mis propios inviernos
mas alla de este invento de las fronteras

Las estaciones del año, de alguna forma, bellas fronteras pero fronteras
el verano de aca
el invierno de alla
Ya ni se cuando es cuando
Ni por dentro
Donde el otoño
propio
Y la primavera
prestada
Se arremolinan sin aviso y sin antaño

Tiny Fumaba Belmont Light

Desde el paradero vi como el loco Tiny se iba caminando por la avenida con las manos en los bolsillos, una figura pequeña escondida del sol a la sombra de los edificios comerciales. Debía ser alrededor del mediodía cuando tomé la micro, también debió ser la última vez que lo ví. El bus empezó a andar y no pude ver bien su rostro, aunque sospecho que trataba de sonreír.

El Loco Tiny se fue haciendo cada vez mas pequeño a través del cristal lleno de polvo del transantiago hasta que unos pocos segundos mas tarde al fin lo perdí de vista.

Son las tres de la madrugada y mientras trato de escribir aún me preguntó en donde reside la memoria. "No te olvides" me dijo una vez, y sin embargo el brillo de su chaqueta negra al sol es mas real en mi imaginación ahora que, digamos, el color de sus zapatos (si es que no eran zapatillas).

Es de noche... y estos simulacros en pretérito los estoy componiendo para no olvidar.

Del vino añejo

Noche, frío y niebla. El viento andino bajaba aullando por entre las ruinas de la Catedral, ondulaba largo por sobre todas las techumbres del centro de Curicó hasta que finalmente se estrellaba con un zumbido seco en contra de los cristales empañados de las casas de la Villa Doctor Osorio, ignoro quien fue el Doctor Osorio pero ahi vive mi hermano y esa noche estaba visitandolo despues de una larga ausencia. Hablabamos sobre trabajo, política, el viejo, todo eso que uno suele hablar con un hermano cuando no se le ha visto en un buen tiempo.

Estabamos hablando del terremoto y de como quedó la Catedral en ruinas cuando en un momento mi hermano se levantó, caminó hacia la despensa y la abrió con una sonrisa torva cruzandole los labios.
Me lo quedé mirando un instante y le pregunté.
-¿Eh?
Mi hermano se rió un poco y me dijo mientras sacaba una botella verde del cajón de abajo
-Oye, ¿Cuantos cigarros quedan?
Eché una rapida mirada a la cajetilla y le contesté
-Queda uno, voy a comprar mas... ¿Y eso que es?
Le dije mientras me paraba y me ponia la chaqueta
-El mejor Vino que has probado, directo de las tinajas de una viña donde trabaja un amigo, me lo trae en bidones, dificil que hayas probado un vino de estos... Espera que lo sirvo.
-Que buena, entonces cruzo a comprar cigarros mientras tanto.
Le dije mientras abria la puerta y salia al frio nocturno del otoño curicano.

Mientras caminaba por las vereda vacias hacia el almacén recordé un reportaje sobre el movimiento rastafari que habia leido hacia un tiempo. No recuerdo bien de que iba completo, era una de esas cronicas largas y medio amarillistas que salian en la Rolling Stone por los setenta, pero entonces se me alojo en la cabeza una sola imagen de esa historia: Amontonados en un trozo de sombra, unos rastafari fumaban marihuana escapando del verano jamaiquino, entre ellos se destacaba un viejo anciano de cabello blanco que, tras quedarse largo rato en silencio, enunciaba cripticamente: "La revolución viene, pero no todavia".

Compré los cigarros y me devolvi caminando lento hacia la casa. El viento soplaba encima de mi nuca, una hoja humeda y amarillenta cayó pesada encima de mi hombro. En Curicó la melancolía del otoño se mezclaba ese año con la pena del terremoto, la dureza del frio que empapaba mi ropa me hacia dudar donde terminaba una cosa y donde empezaba la otra... Sin embargo en mi cabeza la imagen del anciano seguia repitiendo "La revolución viene, pero no todavia", una y otra vez. En voz baja repeti la frase mientras sin tener muy claro que significaba, abrí la cajetilla y caminé cruzando la calle hacia la casa de mi hermano.

En unas copas de greda blanca mi hermano habia servido el vino, me acerque una a la boca y el solo aroma del cabernet me dio vueltas en la cabeza tiñendo de un purpura avasallador todos mis sentidos, preparándome para saborear lo que venia.
Bebi un largo trago hasta empapar toda mi boca, el vino bajó grueso por mi garganta y se diluyo en una serie de tintes aromáticos.
Mi hermano hacia lo mismo, aunque me miraba como sabiendo algo que yo no.
-Realmente... Está muy bueno
Le dije despues de tragar
-Te lo dije ¿o no?- me dijo satisfecho -es que este es añejado en barriles de roble, es de lo mejor de la zona. El roble impregnado de alcohol y vino le dan una textura propia al vino, lo ponen mas grueso, mas propio, si no fuera por el tiempo que se deja ahí sería igual que todos esos otros vinos baratos que, si bien no son malos, son todos iguales.
Con el dedo tomé una gota de vino que se deslizaba lentamente por el borde de la copa y me la quede mirando, el carmín profundo reflejaba en su centro la luz de la ampolleta del comedor, pensé en si se podria hacer un collar de gotas de vino.
Mi hermano encendió un cigarrillo mientras miraba en el televisor una noticia de un terremoto en Indonesia.
-Oye, ¿No que vivia por aquí una novia que tenías?
Me preguntó de pronto mi hermano,
-Ah, si, si, si- le dije, un poco aturdido por lo súbito e inesperado de la pregunta -pero no precisamente por acá... aunque cerca, cerca, a unas pocas cuadras.
-Si, creo que una vez los vine a dejar en la camioneta, mucho antes que viviera por estos barrios...
-Ya hace tiempo de eso, eso si...
-Dimelo a mi, en esos años mi vida era otra - guardó silencio un instante- partiendo por lo de la camioneta.
-Esta bien, me gusta tu casa nueva, es mas tuya.
-No es muy grande, pero es autentica, mejor que lo de antes... Oye, ¿y por que terminaron con esa mina? ¿O es muy dramático?
-No, no realmente, si terminamos por lo de siempre, que el tiempo, la distancia, las peleas, todo eso que hace la vida cuando te metes en camisas muy grandes, todo ese tipo de mierda egoista que le va carcomiendo los cimientos a las cosas hasta que de pronto...
-¡Plaff!
Me interrumpió mi hermano con una onomatopeya.
-Justamente.
Acoté riendo mientras apagaba mi cigarro.
-¿Y por que no vas a verla? digo, aprovechando que estás de paso en Curicó.
-Jajaja, bueh, es que ella no vive acá, y dudo que sus abuelos quieran verme...
Le contesté, divertido por la idea. Mi hermano tomó el bidón de vino y no pude evitar fijarme en su dedo anular. La ultima vez que lo había visto tenia un anillo.
-Ah bueno, debe ser de familia.
Me dijo mientras movía su dedo anular y levantaba la copa con rostro burlesco.
-¿Que hiciste el anillo?
Le pregunté de pronto, preso de la curiosidad.
-Lo fui a tirar a un volcán en el sur.
-¿En serio?
-jajajaja no po- se rió -como se te ocurre... Lo tengo ahí atrás, guardado- me indicó -pero no es por nada en especial, solo para tenerlo de recuerdo.
-Un monumento.
-A lo bueno y lo malo.
-Ah...
Rellenamos con mas Vino las copas de greda blanca.
-Por cierto, vi al viejo en la televisión...
-¿En serio? ¿Y que decia?
-Estaba reclamando por lo de las casas, lo del terremoto, la reconstrucción, todo eso, decía "Yo gasté treinta años de mi vida en esta casa, y ahora el gobierno con su indiferencia quiere que me olvide" se veia muy molesto mientras lo decia ¿sabes? aunque a la gente que lo acompañaba atrás parecia agradarle.
-Y estaba de lider... ¿no?
-Claro, ¿de que mas?
Ambos lanzamos una carcajada.


Ya era de madrugada cuando, tras despedirme de un fuerte abrazo y prometiendo venir mas seguido, salí de la casa de mi hermano rumbo al lugar donde me estaba quedando. No habia caminado ni dos cuadras cuando el viento frio ya habia humedecido mis jeans, encendí un cigarro que se tiño morado al solo contacto con mis labios, tambien morados despues de haberme tomado un bidón completo de ese vino junto a mi hermano. Me puse los audifonos, programé un disco y marché rumbo al centro.

Caminé por cuadras y cuadras a paso largo, pisando las hojas amarillas e ignorando casi por completo el camino, solo preocupado por el cigarro y la música. La noche era dura y sin embargo me sentia muy comodo paseando por la noche helada de una ciudad llena de ruinas inadvertidas.

Iba por un costado de la Plaza de Armas cuando de pronto, casi por instinto, me detuve en seco y me di cuenta que estaba pasando por el frente de las ruinas de la Catedral. La oscuridad de la noche y la luz de los focos de la plaza iluminaban las negras rumas de escombros salpicadas de trozos de mosaicos, el resplandor de los vidrios pintados dotaba a las ruinas de un aire de majestuosa desolación.

Yo nunca habia ido a misa, pero traté de recordar como era la Catedral cuando aun estaba de pie. Me sorprendí al recordarla tan nitidamente: Era muy alta y por sobre sus columnas tenia una cupula imponente, toda llena de esos mosaicos que ahora se esparcían destrozados por toda la cuadra. Súbitamente sentí una tristeza inexplicable y comencé a caminar cada vez mas rápido rumbo a mi casa, al cabo de una cuadra sin darme cuenta estaba corriendo por Curicó con los labios morados y un cigarrillo en la mano... me detuve en seco y tome una bocanada de aire helado y volví a caminar sintiéndome algo avergonzado, aún con ese malestar clavado entre el pecho y la garganta. Estaba a tres cuadras de mi hospedaje cuando me di cuenta que por culpa del vino habia estado olvidando que todo este camino que había estado recorriendo inconscientemente ya lo había hecho antes hacia unos años, cada vez que la había ido a buscar a la casa de sus abuelos. Sorprendido por el recuerdo y motivado por el mismo sentimiento de la catedral intenté recordarla exactamente como era entonces, pero la única imagen que se me vino a la cabeza fue la de un día jueves sentado junto a ella en uno de los patios de la catedral, un día jueves de otoño, mucho tiempo atrás.

Me senté a orillas de la vereda y me quede en silencio por un largo rato, cerré los ojos y pude ver a la Catedral con sus puertas abiertas justo ante mis ojos, alejandose lentamente cada vez que intentaba tocarla, diluyéndose de a poco como los granos de arena que caen dentro de un reloj. De pronto tenia ese sonido de arena en la cabeza ¿lo sentía entonces? ¿Lo intuía al menos? me invadieron unas ganas inefables de entrar a los jardines para buscarme a mi mismo dentro de la Catedral, para preguntármelo y para decirme también que recorriera mejor con la vista la catedral, así no olvidarla tan fácil, que disfrutara mas ese jueves que quizás era el ultimo jueves ¿Había sido el último jueves? El sonido de los granos de arena seguía ahí.

Pero, tan solo al abrir los ojos pude ver que delante mio seguía la Catedral en ruinas. Invadido por un sentimiento desolador intenté comprender que ya hacia mucho que, como el mosaico, todos esos momentos estaban demasiado lejos, como las figuras que formaban los vidrios, también gran parte de los recuerdos habían dejado de existir... Como el mosaico, todos esos instantes eran solo vagos trazos de lo que realmente habían sido, se habían transformado para siempre en ruinas, al igual que los muros de la Catedral.

Cuando al fin llegué a mi pieza encendí el televisor que pasaba noticias sobre el terremoto en Indonesia... La dejé encendida, me desvestí y me tapé con las frazadas heladas y polvorientas de la cama de la residencial.

Cuando me tapé aun tenia los labios coloreados de vino, pensé que mancharía la cama pero no me importo mucho, ya que al otro día tenia pasajes para el tren de las diez.

Con los ojos cerrados pensé en los mosaicos de la catedral quebrandose con los golpes del terremoto y cayendo afilados sobre las bancas de madera de la iglesia, me imaginé la luz de la luna filtrándose por la techumbre agrietada en medio de la hecatombe y pasando por entre los trozos de cristal por un solo instante eterno.
Mientras el sopor del sueño empezaba a adormecer mis manos, cada vez mas lejos del chicharreo de la tv, se me vino a la cabeza ese lío del vino añejándose en los recuerdos de los barriles de roble.

Pude ver entonces a mis recuerdos , convertidos en mosaicos.

Me imagine entonces

a los mosaicos

convertidos

en gotas de vino

efímeras.

Cayendo,

suspendidas del tiempo,

en un collar que flota en el aire

para siempre.

El aguarde

Intuyo la tormenta
Acurrucado del frío, de este otro frío que va calándome noche a noche
en este mayo de noches tristes y áridas,
en este otoño de las páginas blancas

Sopla mi boca en las frazadas una brisa tibia que humedece mis parpadeos absortos
Puedo sentirlas, palabras que aun no nacen conjurando sobre mi cabeza
Puedo tocarlas casi, las palabras con su cadencia de tambor indio
Y sin embargo... ¿puedo escucharlas ya?

Me despierta el goteo de mis pestañas

La Tinta China aguarda
Al acecho del papel de nieve
Esperando el momento preciso
Para surcarlo todo

Negro

Enorme

Como un relámpago azul que implacable
va derramándose encima de la noche
Por un instante
Inmenso

Tinturas Rupestres

Por aquellos hoy días ya idos
Cien mil cosechas atrás
¿Se vestirían los hombres de colores?
¿Serían en sus cuerpos ropas vistosas?
¿O serian a sus ojos, quizás, revestimientos de arcoiris y ocaso?

Cristalizarían tal vez
con tinturas de barro y hierbas
Los atardeceres violáceos de la estepa
en sus calcetas nómadas
forradas de lana y cuero curtido

Para así abrigarse
y abrigar también
la memoria
de la luz que no vuelve.

El naufragio del Doctor Martín (Capítulo 4 de 4)

4.-

El Doctor Martín se levantó del sofá donde dormitaba, se puso sus sandalias y salió al patio encendiendo un cigarrillo mientras el viento que levantaban las hélices deteniéndose convertían su tranquilo jardín en un huracán de polvo y pétalos de flores.
Del moscardón negro posado sobre sus camelias se bajó un euroasiático elegantemente vestido. Se acercó al Doctor Martín y le dio un reverente apretón de manos tras lo que se presentó en un español semi-neutro con marcado acento de curso incentivo de idiomas.
-Hola, es un placer para mí conocerlo al fin, doctor Martín.
-Gracias.
Le contestó el doctor mientras miraba las ruinas de su jardín destrozado irse con el viento.
-Mi nombre es Bryan Chun, y soy embajador del recién formado gobierno mundial.
Dijo con un gesto aun mas reverente mientras le pasaba una moderna tarjeta de identificación con holograma.
-¿Gobierno mundial?
Preguntó el doctor sorprendido.
-Usted no ve muchas noticias actualmente, ¿no es así?
Le contestó el euroasiático sonriendo.

Pasaron un par de horas en que el Embajador le explicó todo lo que había ocurrido en los últimos años con el final de las rivalidades ideológicas, el tratado mundial de libre comercio y como finalmente se había logrado dejar atrás la oscura época de los conflictos. Todo esto mientras el embajador muy respetuosamente le repetía constantemente al doctor su papel en ese proceso, lo mucho que admiraba su obra y, finalmente, que la intención que había al posarse en su jardín de flores (cuyo destrozo sentía mucho pero que el gobierno mundial se comprometía a reponer) era convidarlo a asistir como invitado de honor a la fiesta de inauguración del parlamento planetario, apoteósica ceremonia sin precedentes, a realizarse en Ginebra dentro de una semana y media más.

Una vez arriba del helicóptero, aún vestido con sandalias y chaqueta pescadora, El Doctor Martín se sentó en un muy cómodo asiento con acolchado anatómico, el embajador le hizo notar que el helicóptero tenía también una pantalla tridimensional de cincuenta pulgadas con televisión satelital, un frigobar con whiskey de 24 años, una caja de tabaco de primera categoría y un muy confortable sofá con acolchado anatómico.
El Doctor Martín miró las cosas hacerse mas pequeñas desde el helicóptero subsónico y reflexionó acerca de las circunstancias que lo habían llevado a ese punto, pensó en sus hijos que apenas lo visitaban, pensó en todos esos políticos jugando a ser cómicos en televisión, pensó en ese famoso tratado de libre comercio y en quién habría ensamblado esa televisión de cincuenta pulgadas que en ese momento le mostraba una película sobre un Perrito Poodle científico que también luchaba contra el crimen en Beverly Hills. Se preguntó si realmente todo esto era culpa suya o si en realidad no había sido solo parte de un proceso mucho mayor de circunstancias sociopolíticas en las que el solo había sido un punto o una coma en el gran libro de la Historia. Miró la mesita del lado y vio que un pequeño robot con forma de lavadora automática le estaba preparando un trago mientras el embajador encendía un alargado cigarro con aroma a vainilla y cambiaba la película por un noticiario que mostraba una sequía en Mozambique, para luego sintonizar un partido de baseball violento entre dos equipos rusos… El mundo había cambiado, de eso no había duda.

Mientras miraba por la ventana, El Doctor Martín dio una probada a su trago y, en el momento justo en que la Cordillera de los Andes al fin se perdía de vista, no pudo evitar pensar que solo era cosa de tiempo para que le trajeran las Escort.

Fue entonces cuando se sorprendió a si mismo pidiéndole un mojito al robot-mozo mientras esperaba que ojala le tocara una rubia.

El naufragio del Doctor Martín (Capítulo 3 de 4)

3.-

El Doctor Martín volvió una semana mas tarde donde el señor Alfaro, y tratando de limitar el diálogo al mínimo compró  la lancha verde en vez del velero blanco… Le dio una pésima pero amable excusa sobre que no tenia tiempo para aprender velerismo y, desde este punto en adelante la historia del doctor Martín se alarga por unos años muy aburridos, aun cuando incluyeron una serie de periódicas entrevistas a la televisión en las que el doctor Martín hablaba lo primero que se le venía a la mente, la gente se reía y lo aplaudían igual que en la ONU.

Todas estas cosas, junto a la progresiva cantidad de políticos payasos que veía en cada Talk Show al que lo invitaban, lo hicieron llegar progresivamente a la idea monolítica de que todo el conocimiento humano se había torcido en algún punto y la convicción íntima de que eventualmente iban a pasar los aviones disparando bombas atómicas sobre una humanidad demasiado estúpida ya para auto conservarse del peligro mortal que representaba para si misma.

Desde entonces iba a televisión cuando necesitaba algo de dinero extra, pero como en todo, después de un par de años lo dejaron de llamar.

Lo importante es que desde entonces se levantaría todos los días al despuntar el alba, se subiría a su lancha, aceleraría hasta el medio del lago y desde ahí, recostado con una caja de cigarrillos y unas latas de cerveza, se quedaria dormitando, oteando de vez en cuando el cielo, esperando el zumbido macabro de los bombarderos atómicos rompiendo el horizonte.

De esta forma pasaron casi doce años durante los que, para desencanto del Doctor Martín, ni los aviones ni las explosiones nucleares llegaron jamás, así hasta un día de octubre en que el tronido de un helicóptero aterrizando en su patio lo despertó de su siesta de media tarde.

El naufragio del Doctor Martín (Capítulo 2 de 4)

2.


-¿Si?
-Hola, vengo por lo del velero.
Dijo el Doctor Martín al citófono instalado fuera de la reja de alambre que rodeaba la casa rural donde había llegado siguiendo el dato de un “velero hermoso a un costo asequible”.
“Asequible ahora”, pensó, mientras se miraba sus viejos mocasines de cuero manchados por el polvo del caminito del sur de Chile.
-Ah si, usted es el señor Martín.- Le dijo un hombre robusto que se acercaba a la reja dando grandes trancos. -¡Ah! ¡Disculpe! –El hombre le extendió una robusta mano manchada con pintura blanca que se limpió en el pantalón –Benjamín Alfaro, mucho gusto.
-Gracias, Igualmente.
-Nos conocemos de antes ¿cierto?
Durante los meses siguientes al discurso de la ONU una multitud de líderes mundiales habían llamado al Doctor Martín para ofrecerle suculentas sumas de dinero a cambio de que les escribiera discursos hilarantes para rematar sus aburridos manifiestos tecnócratas, “algo así como el que pronunció esa tarde de Abril en las Naciones Unidas” le decían siempre los yupies mientras se balanceaban en sus sillas gerenciales desde donde asesoraban a los políticos mas importantes de las potencias por alguna cantidad de dinero onerosa, probablemente bajo el titulo de “departamento de estrategia” o algo con esa pompa.
Al principio, hay que reconocer, el Doctor Martín las rechazó todas del mismo modo que rechazaba la mayor parte de las invitaciones a los programas de televisión, incapaz de asumir aún que realmente le querían dar el Nobel de la Paz por haber tenido un arranque de acidez con mucho rating y cuya magnitud el doctor Martín aun no había visto en youtube, donde ya era uno de los cien vídeos mas vistos.
-No, no - Le contestó el Doctor Martín sin dejar de sentir un escalofrío mientras se calaba el sombrerito jipijapa que se había conseguido para guarecerse del calor de febrero - no creo, yo no soy de por acá.
En todo caso, cuando las sumas de dinero ofrecidas comenzaron a ser muy grandes el Doctor Martín comenzó a cobrar por entrevistas para las revistas de distribuicion internacional y se guardó un poco los prejuicios, o lo que fuera que lo incomodara. La verdad es que eran muchos ceros y el Doctor Martín lo veia como una oportunidad única de asegurarse una merecida jubilación lejos de toda esa vorágine de hedonismo y decadencia... Tan solo tenia que hablar estupideces, no le hacia daño a nadie.
-Es que sabe usted me parece cara conocida, bueno, demás que me acuerdo mas rato… Así que viene a ver el Velero ¿no?
-Si, es que me vengo a vivir al otro lado del lago y aprovechando…
-Claro, se ahorra el traslado ¿cierto?. Mire, acompáñeme al muelle y se lo muestro, justo lo estaba arreglando.
Lo interrumpió el hombre dándole una palmadita en la espalda para luego llevarlo por un sendero que daba al lago. Mientras caminaban el Doctor Martín pudo mirar el impresionante volcán que se elevaba dominando el paisaje a unos cuantos kilómetros; siempre había pensado en retirarse a un lugar así y, aprovechando la brisa que lo golpeaba en la cara trató de pensar que todo lo que había pasado desde esa tarde tenía un sentido ulterior referente a su propia paz interna para poder, al fin, alejarse de todo ese sin sentido arrollador que lo había rodeado desde ese largo lapsus que había tenido en la ONU.
 “Un naufrago buscando un barco” pensó el Doctor sonriéndose de parafrasear a Ortega y Gasset.
Finalmente llegaron a un muelle construido con árboles de bosque nativo donde estaba amarrado un pequeño velero pintado de blanco con una serie de accesorios náuticos también blancos, adornados con frases escritas con letras doradas. Al otro lado del muelle, el Doctor Martín vio amarrada una lancha de color verde claro.
 -¿Que le parece? Bonito ¿Cierto?
-Si, si, está… blanco.
Le contestó el Doctor Martín mientras Benjamín se subía al velero de un salto y le empezaba a explicar sobre las velas. El sonido del viento le impedía escuchar bien así que optó por quedarse mirando y asintiendo con la cabeza mientras se fijaba en que todo en el Velero era blanco, incluso la madera de los bordes estaba pintada de un tenue barniz níveo. Finalmente Benjamín volvió a su lado y le dijo.
-…porque usted sabe navegar supongo, ¿no?
-No, bueno, la verdad pensaba aprender ahora que me vengo a vivir acá.
Apenas pronunció estas palabras el Doctor Martín sintió la mirada burlona del hombre cayéndole encima.
-No es tan fácil sabe. Necesita un profesor – Le dijo Benjamín mientras se daba vueltas a mirar el velero –Aunque si necesita ayuda en eso, yo podría enseñarle, darle unas clases, a precio de amigo ¿me entiende? Además si va a salir a hacer vela necesita alguien que lo ayude, aunque en este velero no es tan difícil porque tiene un GPS, un sistema de acceso a Internet que le dice donde está, que es lo que tiene que hacer, todo muy cómodo, muy de acuerdo a los tiempos…
El Doctor Martín se quedó mirando el barco y pensó que sería un buen pasatiempo aprender a navegar con este hombre de modales rudos, pensó que quizás podría volverse su amigo mientras el, encima del velero se iría volviendo uno y anónimo con el lago, también pensó en pintar un poco el barco, de algún color que no fuera tan blanco.
-No es como manejar un auto... Claro.
Dijo el Doctor tocando la áspera lona de las velas blancas.
-No, no pues, lo que es como manejar un auto y que se aprende solo es manejar esa lancha de ahi, ¿ve? – Se acercó a la lancha, se montó encima de un salto y la hecho a andar. –No es exactamente como un auto, pero es casi lo mismo: manubrio, pedales, cambios, etcétera… es que un Velero es otra cosa.
-Ah mire… No está mal.
-Discúlpeme por favor por la imprudencia… - Le dijo de pronto Benjamín –No me había dado cuenta quien es usted.
El Doctor Martín se quedó helado.
-¿Qué? ¿Quién? No, no, olvídese, no se preocupe.
Replicó asustado.
-No es que usted es uno de los ídolos de mi señora, siempre que sale en televisión lo vemos… Sabe, por ser usted no le cobro las clases de Velerismo porque, en serio, usted es el Doctor Martín ¿no?
El Doctor Martín se quedó en silencio y bajando la vista aceptó con una mueca de desagrado.
-Si, si, yo soy.
-¡Jajaja!- le dijo riendo -sabe, mi señora no va a creerme cuando vuelva y le cuente…
El doctor Martín dejo escapar una sonrisa, pese a todo el sincero desprecio que sentía por las formas de la fama, no dejaba de subirle el ego que fuera famoso en un lugar tan lejano.
-Que bueno que a ustedes les interese la política.
Le dijo amablemente tras lo que el hombre lo quedó mirando un instante y le contestó.
-Bueno, no se si la política, es que los chistes que usted cuenta son muy buenos… Como los del Coco Legrand, ¿le gusta el Coco? El viejo de la moto, ese que cuenta el chiste del hippie que tiene que ir al baño y el papel secante, le apuesto a que si, ¿o no? si se le nota en el estilo.

El naufragio del Doctor Martín (Capítulo 1 de 4)

1.-

Mientras subía las escalerillas que daban al estrado, el doctor Martín se dio cuenta que las palabras se le deshacían en la boca a medida que trataba de masticarlas para darles sentido, al igual que el ritmo se volvía un ente mutante y ajeno cuando trataba de construir las frases... Tampoco lo ayudaba el entorno lleno de lenguas desconocidas hablando en palabras que nunca había escuchado, que lo encandilaban con sus variantes abstractas de entonaciones, sílabas, golpes de lengua y sonidos del paladar.

El Doctor Martín se puso sus gafas y bebió agua procurando aparentar tosca parsimonia, mientras entrecerraba los ojos y buscaba encontrar su propia voz entre el estruendoso murmullo de babel que lo rodeaba, que lo observaba sordo como una gran masa que en su diversidad iba perdiendo la forma hasta volverse una sola esfera amorfa que mutaba como una gran sombra y lo observaba con un gigantesco ojo multicolor, "como un microscopio, o algo así" se le pasó la imagen en un destello mental.

Dos, tres, cuatro, cinco segundos estupefactos... Martín carraspeó un momento, reacción aún más instintiva que la del vaso de agua. Ya perdida toda visión de individualidad o certidumbre, esperó que sus oídos le dieran una respuesta de parte de ese monstruo observador que esperaba una señal para devorarlo o dejarlo ir. Martín levantó la vista y pudo observar al auditorio: enorme, gigante, con sus reflectores tostándole la piel y las cámaras de cuatrocientos doce canales del mundo mirándolo de frente. Reprodujo de memoria el movimiento de su boca y de su garganta para articular frases que en ese instante no pudo escuchar.

"Señoras, Señores... He venido acá..."

El silencio sepulcral que se formó de pronto le produjo, extrañamente, un pitido en la oreja. Mucho mas tarde, cuando todo había terminado, pensó que ese pitido ya estaba ahí antes de que se acallaran las voces, pero en aquel momento fue suficiente para aislarlo, ya de las luces, de las palabras, sólo sintiendo el eco interior de su voz y el olfato de la madera, del sudor y del aire recalentado por los reflectores de la TV.

El silencio, el pitido, la luminosidad, el polvo, el no encontrar ya nada razonable en la palabra memorizada, el naufragio del sentido que había leído en los filósofos postmodernos y del que había hablado tantas veces con sus colegas bebiendo café o cerveza negra. Todo ese lago de cavilaciones de pronto adquirió sentido, al fin tomó forma más allá de las abstracciones, entre un parpadeo y un carraspeo pasó desde atrás de su cerebro a la parte delantera.

Pudo sentirlos a todos, desde Foucault a Derridá, tan sólidos como el olor a barniz que le entraba por delante de la nariz, tan claro como el pitido, pudo verlo omnipresente en la masa de escépticos que lo miraban desde todos los estrados de las Naciones Unidas, en cada cientista político aceitado mirándolo desde los canales de televisión y periódicos del mundo, El Doctor Martín pudo sentir la posmodernidad como nunca y fue en este proceso que comenzó a olvidar su discurso pacifista mientras ya acostumbrado al candor de las luces pudo observar que el embajador de los Estados Unidos y el de China, protagonistas de la crisis nuclear que lo había llevado a hablar en ese lugar, iban ambos vestidos con el mismo terno Armani... y se dio cuenta que lo sabía porque él tenia el mismo modelo en su closet.

Fue en ese momento cuando comprendió a los posmodernos, y pasó alrededor de medio segundo de silencio sepulcral entre que el olor a madera fue interrumpido por el fugaz golpe de una ligera brisa de uno de los ventiladores y el instante en que el doctor Martín se dio cuenta de que todos esos libros eran, en realidad, extremadamente sencillos. Y no solo eso: eran también absurdos, totalmente poco constructivos, al igual que el terno Armani con rayas color marfil que llevaba el señor Rogers y el señor Wang: el objeto de consumo de una Elite, innecesariamente costoso y dificultoso de utilizar, una verdadera joya del corte, y como ella, igual de inútil a la hora de trabajar por el desarrollo de los pueblos. Para entonces habían pasado alrededor de ocho segundos de silencio en que el súbito naufragio de lucidez lo hizo beberse de un trago toda el agua del vaso, para luego saltarse el protocolo y el discurso.

"Desde acá me cuesta escucharme, me cuesta hablarles, me cuesta mirarlos, lo único que veo es una gran masa negra de consumidores que me miran con un solo ojo… Creo que se parecen a un microscopio y yo creo que ahora soy tan importante para ustedes como una bacteria, pero la verdad es que no me importa mucho, porque cuando me baje de acá volveré a ser parte de la sociedad y quizás me tome un café cortado en el Starbucks de la estación del tren.
Antes de empezar mi exposición solo quiero decirles que ya no vale la pena que pensemos en guerras, porque creo que ya no nos queda nada valioso que perder o quitar, porque hoy en día más o menos habitantes en este planeta no harán diferencia en el punto muerto al que ha llegado nuestra especie, hagamos lo que hagamos no seremos más que un gran rebaño que dentro de lo posible se vestirá en Armani o, si no tiene los fondos, tendrá que conformarse con una tienda de descuentos... Por eso no vale la pena una guerra de exterminio: porque no haríamos gran diferencia y en el proceso quizás los Osos Pandas se extinguirían, lo que no seria bueno porque los Pandas son bonitos. Muchas Gracias."

Se quedó un instante en silencio y luego empezó a buscar en sus hojas la exposición sobre los peligros de la carrera armamentística y el enriquecimiento de plutonio, pero un murmullo que se transformo en una carcajada enorme y un ensordecedor aplauso de parte de la asamblea le obligó a sonreír y, en la medida que esta no se detuvo en los tres minutos restantes, estuvo obligado a bajarse del estrado sin siquiera haber empezado a exponer, mientras saludaba atribulado a todo el público que riendo aplaudía como si fuera un concierto mientras los representantes de los Estados Unidos y China se abrazaban riendo y se acercaban a saludarlo bajo el destello enceguecedor de los flashes de la prensa.

Obsequias

Ella dedicó toda su vida a la investigación de la anatomía humana y su incidencia en la depresión.

Después de muchos años de estudio había acabado trabajando junto a un importante equipo de doctores, diseccionando cadáveres en una investigación pionera a nivel mundial.

Tras un par de años les cancelaron el presupuesto y se quedaron sin muertos que abrir.

Al otro día la encontraron colgando, se había ahorcado con una cinta de regalo.

The Time Quickens

Como ya no había salsa verde para poder soltar una lagrima, bebí un largo trago por todos esos locales inmemoriales, sus completos con la mayo mas amarilla y mas profunda, con los cafés bien negros y amargos.

En un silencio distopico miré el food garden y bebí también por todas las fuentes de soda aquellas, las que a cada salchicha transnacional se iban haciendo obsoletas con sus esperas tan propias, con sus condimentos macerados en la risa de lo autentico y en todos esos tiempos secretos donde el pan se tostaba por un par de minutos para que quedara crujiente... Variante que siempre fue inexplicable a los apóstoles del neo-liberalismo, todos ellos devoradores de aburridas hamburguesas de uniforme.

Corsario Universal

Entonces, ahí estaba yo: En mi pieza, Año 99, escuchando el casette de Tiro de Gracia que me había pasado mi amigo Cristián en la escuela.

Y en eso, entra mi abuela.

-¿Que es eso que cantan del hachís?
-Hip Hop abuelita.
-Pero el hachís es una droga.
-Si, pero es por una cosa de rima.
-Me tinca que son drogadictos violentos.
-No se...

Y luego se fue a ver su telenovela.

Un par de años más tarde me enteré por un periódico de que los Tiro de Gracia se habían agarrado a sablazos con un grupo de reggae en una discoteca, y que en todo el proceso estaban más drogados que lo clínicamente posible.

La moraleja de esta historia es que más sabe el diablo por viejo que por diablo... En todo caso, por si a alguien le interesa, el disco se llama Ser Humano, es de Tiro de Gracia y la canción que escuchaba se llama Corsario Universal, la que por cierto es un sampling de "Red Clay", una canción de los solsonics del noventa y uno, que es a su vez un cover de una canción que sacó Freddie Hubbard en los setenta.